De las constelaciones.



[En julio del 2011 se llevo a cabo la Constelación Poética Tijuana-Df-Cuernavaca-Oaxaca. Gracias a eso conocí y reconocí a poetas que buscan un movimiento poético distinto. La salida de la poesía a las calles, el encontrarse uno mismo con esas nuevas voces. Buscar un momento de alegría en un país donde nos hemos acostumbrado a las malas noticias. En general, fue una experiencia que me hizo vaciar muchas cosas que había estado guardando hace tiempo. Comparto este texto como testimonio de lo que aquella lectura afuera de La Casona dejó en mí.]








XXI


A mis compañeros, los que siguen constelando


Soñé con un hombre al que todavía no conozco, soñé que un hombre que todavía no me conoce me besaba. Y desperté asustada pro el miedo a la incertidumbre de no poder revelar la identidad de ese hombre oculto.

Mi miedo aumentó cuando no escuche un sólo ruido en mi casa: la risa de mi madre y el ronquido de mi padre fueron ocupador por un silencio asesino. Segundos después entendí que no fue el miedo lo que me despertó sino el ra-ta-ta-ta de la calle y de las sirenas azules ahogadas que se oía a lo lejos.
Y lo vi venir:
mi fotografía en los interiores de un periódico de cinco pesos y notas, literalmente, rojas. Cautelosa me levanté de la cama y devoré la distancia que hay entre mi cuarto y la sala.

Escena de noticiero de media noche:

Papá y Mamá con las manos ensangrentadas, con orificios en la espalda, con los ojos huecos. Los daños colaterales habían visitado mi casa.


Desperté


Por segunda vez abrí los ojos. Un sueño dentro de una pesadilla. Y el ruido estaba ahí: Mis padres viendo la televisión, la televisión clavándoles el cuchillo del miedo en el estómago y ellos con los ojos inmóviles, amurallándose y diciendo:

- Hija, no llegues tan tarde

Pero la calle es mía, es de todos. Menos de los criminales de trajes dorados, de corbatas o del alma. Si las ratas pueden correr entre las cunetas, to puedo volar en las aceras.

Mis amigos me contaron que también los quisieron clavar a las puertas por miedo alra-ta-ta-ta y a las sirenas ahogadas, a los daños colaterales, a las malas compañías, a los bandidos de media noche.

Y ellos también gritaron:


¡Son nuestras calles! ¡Son nuestros pasos!


Tengo 17 años ya he conocido a la muerte, la enfermedad, el atropellamiento de una bicicleta
ya me han secuestrado en mi casa con la amenaza de que si salgo a las diez de la noche vestida de negro una bala perforará mi cabeza
ya se lo que es el tacto de un hombre lascivo que confunde mi falda corta con el permiso de tocar mis piernas.
ya vi el asesinato de una librería a manos de unos adolescentes
y contemple como mis hermanos le sacaban la vida a un animal indefenso.

Tengo 19 años y he visto al mundo extinguirse y nacer dos veces, ya recibí el puño de un hombre alcoholizado en mi cara
y siento frustración por no poder poner todo mi dolor, ideas, esperanza y amor en palabras y acciones.

Tengo 21 años y no sé si pararme en las mañanas pueda ayudar en algo, y no se como acallar la monstruosidad de los días sin porvenir, y no se como dejar de ignorar a las arañas que difaman mi existencia.

Algunos me dicen que se van de esta tierra.

que aquí no hay oportunidad
que aquí corre la sangre
que aquí la gente prefiere morir
que aquí la gente no lee poesía
que el país se está yendo a la mierda
que de dónde vamos a sacar esperanza

Y yo, con mis 21 años, con mi miedo a morir, con mi miedo a hablar y escribir les digo que:

Si no hay oportunidades hay que sacarlas de nuestros bolsillos
si corre la sangre, hay que limpiarla de la suela de nuestros zapatos y no acallar el llanto de nuestros muertos
si algunos prefieren morir hay que ayudarlos a vivir y respirar
si la gente no lee poesía hay que susurrarselas al oído
si el país se está yendo a la mierda, hay que apretar la nariz, fajarse los pantalones y sacarlo de ahí

¿De dónde vamos a sacar esperanza?

¿De verdad no ven de dónde?

De la fuerza que te hace levantarte en las mañanas
del dormitar de un gato
del mugido de las vacas
de los niños que corren en el mercado
de los que no encierran la literatura en la cárcel del elitismo
de los burros que caminan con libros en la espalda
de los que viven en los techos de cartón
de los que no ven el color de piel sino un corazón en el cuerpo
de los periodistas que no le temen a la verdad
de quien te prepara la comida
de las aves que cantan en la mañana
de los manantiales que nos dan agua
de los arboles que nos dan aire
del orgasmo de media noche
de los grillos en las tardes de lluvia

¿Aún no saben de donde sacar esperanzas?

Por que puedo seguir hasta el infinito. Hasta que se me quiebre la garganta

Tengo 21 años y estos son mis compañeros. Diciendo que la calle es nuestra, y que podemos invadir las aceras, podemos besarnos en las rampas, podemos comer en las esquinas. Que la sangre no va entintar nuestras paredes, que los faros alumbran nuestros pasos. Que estamos tratando de darle vida a las letras. Que no me importa si quien me escucha sabe de metáforas o de aguacates, que no tenemos balas que explotan en los cuerpos sino palabras que se incrustan en el alma.

Puede que parezca un show o lo que la literatura no debe ser, pero es mejor ver a los jóvenes jugando a ser merolicos, que encerrados en una habitación alienándose de sus hermanos o cortándose los cuellos y las esperanzas.

Esta es mi voz, mi calle, mis compañeros, mis letras y con ellas puedo jugar a lo que yo quiera.


1 comentario:

A tender

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