viernes, 16 de enero de 2015

Esto no es una reseña #1: Melamina, de Daniel Herrera


Siempre me han gustado los libros que me hacen dudar de las cosas que creo. Si un escritor logra provocar tales preguntas, me parece sumamente valioso y afortunadamente con mi primer lectura del año tuve esa experiencia

En este caso me refiero a Melamina de Daniel Herrera, publicado por Tierra Adentro en 2012. El punto medular de la obra llamó mi atención: un hombre que relata el proceso del embarazo de su esposa desde un punto masculino, uno bastante honesto, por cierto. La manera en cómo se planteaba la trama me pareció interesante, sobre todo porque la idea de tener hijos me ha comenzado a parecer cada vez más aterradora pero también muy cercana. 

martes, 13 de enero de 2015

Los vientos del sur.

La primera vez que salí de Morelos fue un viaje inolvidable. Conocí el mar, me emborraché por primera vez y le dejé un ojo morado a una de las mejores personas de mi vida. En ese viaje, ni siquiera me imaginaba escribiendo o estudiando letras. Mis planes eran hacerme veterinaria o estudiar diseño gráfico. Sin embargo, estoy segura que ese primer viaje sentó las bases para todo lo que soy ahora. Tenía 17 años y el peor tatuaje de henna que se ha visto en la tierra. 


Desde entonces, los viajes son oportunidades para conocerme a mí misma, y si viajo acompañada, de redescubrir a ese otro que se lanza hacia lo desconocido conmigo. Xalapa fue la segunda ciudad que me cambió por completo, sobre todo en el área creativa. También fue el lugar en el que decidí que si en algo iba a volcar los intereses de mi vida, sería en la literatura. De manera muy dolorosa, también aprendí a estar cómoda conmigo misma, lo que llevó a un montón de procesos de reconocer manías y perdonarme asuntos que había dejado pendientes desde hace mucho tiempo.


martes, 6 de enero de 2015

Carta de despedida

Me veo leyéndote una de las notas de política de La Jornada después del desayuno. Mis pies colgando del sofá y mi voz de niña temblando. Tú, con un cariño que sólo una abuela puede dar, regañándome y corrigiendo mi pronunciación.
Me acuerdo de esa página de la Jornada Niños en la que venía una reproducción de Las dos Fridas, mirándome y atravesándome los ojos de niña, ese recorte que tú habías separado del periódico para guardarlo y que fuera para mí, sólo para mí.


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